Mientras esto sucede los ciudadanos cada día nos sentimos más como
unos hijos menores de Heraclio Fournier, situados en esa parte de la
baraja que solo vale para descartes.
El diario "La Razón", un rotativo
que limita su concepto de libertad a la ausencia de esclavitud, dedicó
ayer cinco de abril el editorial (Aforamiento pertinente) a la
posible inclusión de la reina, el príncipe y su esposa en el club de los
aforados, un club que ya cuenta con 10.000 socios. Ni que decir tiene
que el periodico apoya la iniciativa del Ministerio de Justicia, aunque
para justificar su apoyo no tenga ningún reparo en considerarnos a todos
como recién salidos de un parvulario con el Catón y el Catecismo como
únicos inquilinos de nuestra mochila.
Nos dice que "...el aforamiento procede del concepto del fuero, no es un privilegio en si mismo ni concede inmunidad alguna", olvidando
que sin normas, derechos y privilegios cualquier fuero no tiene razón
de ser y así ha venido siendo desde la Edad Media y también de que en
una Constitución democrática no tienen cabida los privilegios ni la
inmunidad, aunque la española siga conteniendo ese bochornoso párrafo
tercero de su Artículo 56 que permite, además de la inviolabilidad del
rey, la imposibilidad de que se le exijan responsabilidades de ningún
tipo, esto teniendo en cuenta que es Jefe del Estado además de un
privilegio es una aberración que solo se puede encuadrar dentro de un
régimen totalitario.
Volviendo al asunto el editorial afirma, sin ningún pudor, que "...el
aforamiento es un mecanismo de protección para la recta aplicación de
la Justicia.....se considera que un órgano colegiado, como es el
Tribunal Supremo es mucho menos permeable a las presiones de todo
tipo, políticas, pero, también, mediáticas o ideológicas, que un
organismo unipersonal como es el juez de Instrucción". Sobre lo
anterior se pueden efectuar varias lecturas y extraer también varias
conclusiones, pero la que primero se me viene a la cabeza es la duda
sobre si efectivamente estamos viviendo dentro de un estado de derecho.
Considerar, como hace el editorial, que la recta aplicación de la
justicia, de las actuaciones de los jueces, necesita de mecanismos de
protección ya de por si es altamente preocupante, que esos mecanismos
solo puedan ser disfrutados por diez mil españoles es altamente injusto.
Afirmar que el sistema judicial español, Tribunal Supremo incluido, es
permeable a presiones externas, haciendo incapié en que los jueces de
Instrucción por el hecho de ser unipersonales son menos imparciales en
su trabajo es una bofetada a la carrera judicial, a la justicia y a los
ajusticiables y ajusticiables somos todos menos al Rey.
Nos sigue diciendo que "el aforamiento
en algunos casos puede perjudicar las opciones de defensa de los
aforados al eliminar las posibilidad de recurso ante instancia
superior", sin decirnos que en el Tribunal Supremo la admisión a
trámite de una querella presenta muchas más dificultades que si se
efectúa en un Juzgado de Instrucción, circunstancia que ya de por si
juega en favor del denunciado. Por otro lado olvida que las sentencias
del Supremo si bien no admiten recurso en más instancias judiciales
españolas, si así fuera el tribunal no seria Supremo, si pueden ser
estudiadas por el Tribunal Constitucional o el Tribunal de Justicia de
la Unión Europea entre otros. Además, ¿a que mayor garantía de justicia
puede aspirar un reo si su caso se ventila en el Tribunal Supremo?, y a
nivel general ¿cuantos ciudadanos españoles pueden permitirse disponer
de los recursos económicos necesarios para llegar al Supremo?
Continua su lección magistral afirmando que la no inclusión de la Reina y los Príncipes de Asturias como aforados "es una disfunción en nuestro ordenamiento jurídico" y que "...es
un absurdo que las personas que ejercen funciones en el ámbito de la
Jefatura del Estado estén excluidas del aforamiento". Según lo
anterior por que no aforar también al secretario del Rey, al jefe de la
Casa Real o al chófer del monarca. Nuestra Constitución no atribuye a
los Principes de Asturias ni la la reina consorte ninguna función
constitucional salvo en caso de Regencia (Art.58), por tanto ¿a que
funciones se refiere La Razón?. Teniendo en cuenta que el
director de La Razón, Francisco Marhuenda lleva desde 1995 sirviendo
fielmente a Mariano Rajoy y al Partido Popular, tanto desde cargos
públicos, nombrado en todos a dedo por su amigo Mariano, como de
insufrible vocero demagógico del PP y azote de la izquierda democrática a
modo de trasnochado Guerrero del Antifaz, ¿por qué no aforarlo junto
con el periodico que dirige?. Sería una aberración ¿verdad?, pues tanto
como aforar a unas personas cuyo único mérito es, en el caso de la Reina
haber contraído matrimonio con el delfín de un dictador en pleno apogeo
de la dictadura (1962), y en el caso del Príncipe de Asturias ser hijo
del anterior matrimonio, nombrado heredero a un trono aún siendo el
tercero en la línea sucesoria, vulnerando de forma indecente la igualdad
de derechos entre hombres y mujeres que nuestra Constitución establece.
Por supuesto Marhuenda y su diario
poco valor dan a la Constitución cuando califican de absurdo el hecho de
que la Reina y los Príncipes de Asturias no estén aforados, olvidando
conscientemente que la propia Constitución niega este aforamiento en su
artículo Artículo 14:
Los españoles son iguales ante la ley, si que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Un artículo corto y fácil de leer e
interpretar , pero que puede que sea uno de los que más se vulneran cada
día en España. Mientras esto sucede los ciudadanos cada día nos
sentimos más como unos hijos menores de Heraclio Fournier, situados en
esa parte de la baraja que solo vale para descartes mientras esperamos
ganar en un singular y amañado juego de tute en el que el As, la
democracia, recupere su mayor valor ante el Rey y así poder acabar una
partida que ya dura demasiado.
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