Manuel González Ayestarán / Rebelión
El último gran éxito del cine español, “Ocho apellidos vascos”, se pretende vender por el establishment mediático nacional como una comedia blanca, una película que solo pretende hacer reír y gustar al público sin ningún tipo de connotación ideológica. Aquel que identifique ciertas intencionalidades persuasivas en el discurso de la cinta, o que se sienta ofendido por alguna razón, solo puede ser un pro-etarra ofuscado y paranoico. Es lógico que el establishment encubra y legitime sus propias herramientas persuasivas y propagandísticas (Telecinco Cinema es una de las entidades productoras de la película). No hace falta recordar el amalgama de multinacionales y entidades bancarias que lo sustenta con el fin de reforzar su hegemonía cultural en la población, necesaria para construir un país que ofrezca mano de obra barata e ilimitadas ventajas fiscales a costa del sufrimiento de su clase trabajadora, a la cual es preferible fomentar su identidad nacional en detrimento de su identidad de clase.
