sábado, 5 de abril de 2014

Los presos de ETA son personas

entre las necesidades de la sociedad vasca ante el final de ETA, existen determinadas singulares y concretas. Una de ellas es la de no olvidar que los presos de ETA son personas, (por más que algunas de sus barbaridades lo hayan puesto en duda en diversas ocasiones) y que deben ser tratados en todo momento como tales. Tan breve (y seguramente obvio) considerando tiene importantes implicaciones. Algunas nos incumben a todos y otras interpelan preferentemente a personas o grupos específicos. La convivencia normalizada en la sociedad vasca en esta nueva situación, que los todavía jóvenes no habíamos conocido nunca a lo largo de nuestra vida, (y normalizada no significa no conflictiva, porque el conflicto es en gran medida inherente a la vida social) exige que cada uno haga frente a las suyas. Empezaremos, entonces, por intentar describirlas.


Ha desaparecido la excusa de ETA para mirar hacia otro lado cuando se produzcan violaciones de los derechos de estos presos o cuando la legislación les sea perjudicialmente aplicada de forma singularizada. Se extiende esto a un amplio elenco de cuestiones, desde esa dispersión que siempre ha carecido de fundamento legal suficiente (aunque nadie la haya recurrido aún ante el Tribunal de Estrasburgo que ha condenado ya a algún Estado en supuestos similares) hasta la inaplicación de las directrices sobre descuento del tiempo de condena sufrido en otro país por idéntico delito, pasando por la no aplicación, subterfugios variados mediante, de la propia legislación española en relación con la puesta en libertad de presos gravemente enfermos o mayores de 70 años. Por no hablar de los nunca admitidos ni investigados malos tratos en las prisiones.

Ningún propósito relacionado con ETA, ni el de no favorecer o dar alas a su discurso, ni el de dificultar su control sobre los presos, ni el de presionar a los reclusos para obtener su colaboración (aunque muchos delitos y responsabilidades sigan sin esclarecerse) justifica que no se oiga alta y clara nuestra denuncia. No por simpatía hacia los presos, (que, sinceramente, ninguna, todo lo contrario) sino por imperativo ético legitimador de lo que a ellos y su mundo vamos también a exigir. Esto vale para todos. Los presos deben ser, ante todo, personas. Para todos y en todo momento.
No es coherente denunciar (adecuadamente) que la banda les impide ejercer sus derechos, al mismo tiempo que se condicionan al encaje en moldes de tratamiento colectivo; la vía tal o la vía cual.
Pero en esto de las necesidades sociales, la responsabilidad de dar pasos corresponde principalmente a quienes han generado el problema. A quienes (salvo excepciones, algunas muy evidentes, de las que ya hemos hablado y que habrá que seguir denunciando) no están recibiendo sino la retribución del daño que ocasionaron previamente o sufriendo las consecuencias indirectas de haber mantenido un comportamiento si no de apoyo sí cuando menos comprensivo (siendo benévolos) con la barbarie.
A la izquierda abertzale le ha faltado siempre humanidad. No ya con los ajenos, que no hay necesidad ni de comentarlo, sino también con los propios. Le ha faltado siempre reconocer que cualquier preso condenado a duras penas de prisión había ya contribuido suficientemente a la causa y no estaba, además de condenado a prisión, condenado a seguir siendo un mero instrumento manejado por otros al margen de su propia voluntad e intereses. A la izquierda abertzale le ha faltado reconocerlo como persona. Reconocerlo como titular de derechos. No condenarlo a su vez, como si el Estado no lo hubiese hecho ya bastante. Y necesidad perentoria de la sociedad vasca en este terreno es que esto cambie. Y si cambia esto, no cabe duda de que vamos a poder cambiar otras muchas cosas.

 http://www.deia.com/2014/04/04/opinion/tribuna-abierta/los-presos-de-eta-son-personas

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