Para Pilar Manjón, cada 11-M supone «una sobrecarga emocional».
Perdió a su hijo en los trenes de Atocha y ha sido víctima de una dura
campaña por quien todavía siembra dudas sobre el 11-M.
Nacida en Plasencia (Cáceres), en 1958, perdió a su hijo Daniel
en el mayor atentado de la historia del Estado español. Su denuncia de
la responsabilidad del Gobierno del PP, entonces en manos de José María
Aznar, por su presencia en la guerra de Irak le puso en el centro de una
durísima campaña de acoso que se ha alargado hasta diez años después.
No mentía, no.
Para Pilar Manjón, cada 11-M supone «una sobrecarga emocional». Perdió a su hijo en los trenes de Atocha y ha sido víctima de una dura campaña por quien todavía siembra dudas sobre el 11-M. Defiende la «inocencia de las víctimas» y aboga porque «el final de nuestro camino de dolor sea la paz y la no violencia».
(*)Presidenta de la Asociación «11-M afectados del terrorismo»
Para Pilar Manjón, cada 11-M supone «una sobrecarga emocional». Perdió a su hijo en los trenes de Atocha y ha sido víctima de una dura campaña por quien todavía siembra dudas sobre el 11-M. Defiende la «inocencia de las víctimas» y aboga porque «el final de nuestro camino de dolor sea la paz y la no violencia».
Se acerca el décimo aniversario del atentado. ¿Qué sensaciones le pasan por la cabeza?
Llegan cuando regresas a casa. Por muy cansada que estés, son días
muy difíciles, de mucha ausencia. Pero, para nosotros, 11 de marzo son
todos los días. En estos días viene toda la bruma de los recuerdos, te
agobia y se te viene todo encima.
¿Qué balance hace de esta década? ¿Qué cree que ha cambiado?
Alguien puso el foco donde no tenía que estar. Ya lo dije en el
Parlamento: no fuimos la derrota de nadie ni la victoria de nadie, sino
las víctimas. Si hay que poner el foco en algún sitio, tendrá que estar
en los terroristas o en cómo se gestionaron aquellos días. Tenía que ser
ETA por narices y a día de hoy lo seguimos arrastrando. Ha supuesto una
división real y de trato. En España no se ha conocido jamás los
insultos a una víctima que he sufrido. Esa doble victimización ha
generado una fractura.
¿Se ha sentido arropada?
Por las víctimas. Hemos formado una familia «sinpapeles» maravillosa.
Por supuesto, por la familia, mi hijo, y mis queridas estrellitas,
desde algún sitio. Estoy convencida porque, si no, ya hubiese tirado la
toalla.
¿De quién no sintió ese apoyo?
De los políticos. Cuando alguien me dice «tu asociación está
politizada», respondo que no me he presentado a ningunas elecciones. Que
eso lo diga un político... Pues en bastante baja estima tiene su
trabajo. A los que me gritaban «no quieres saber la verdad», yo les
respondo: ¿quién ha puesto el féretro, usted o yo? ¿Cómo no voy a querer
saber la verdad? ¿Puedes entender que haya un senador por Melilla que
diga que Zapatero entró en un tren de cercanías? ¿Se le ha olvidado que
ahí quedaron 191 vidas y 2000 heridos? Y los que los hemos sobrevivido,
con la vida partida. Cuando se trata del 11-M, no pasa nada. He puesto
muchas veces un ejemplo con vuestro periódico. Siempre me he preguntado
si la portada de Trashorras o de Zohuier, en régimen de aislamiento en
la cárcel de Villena, se hubieran publicado en GARA y el asesino hubiese
sido otro... Os hubiesen cerrado. Sin embargo, aquí no ha pasado
absolutamente nada.
Como ha señalado, desde el primer momento le apuntaron como «politizada».
Nadie ha llamado a mi puerta ni me han propuesto para las europeas
siendo la más politizada... Si tan del PSOE somos... ¿Por qué no tengo
yo un local? Que me lo hubieran cedido como a otras asociaciones.
Tampoco se qué le habremos hecho al PP para ni dirigirnos la palabra o
encontrarme con gente de Nuevas Generaciones que me llama «tipeja» y
pone en duda que mi hijo fuese en los trenes. Y no pasa nada, porque en
Twitter eso es libertad de expresión. Quien nos ha ayudado es la
sociedad.
Ha mencionado a los diferentes colectivos de víctimas. ¿Cree que se les ha tratado distinto?
Ha habido diferencias, las sigue habiendo y las seguirá habiendo. Al
llegar al juicio, partimos de premisas diferentes. El escrito de
acusación era distinto y tuvimos que plantarnos porque, por economía
procesal, nos dijeron que deberíamos de ponernos de acuerdo. Pero tener
que ponerte así porque no coincides en los planteamientos que llevan las
otras asociaciones... Hay una distancia, incluso a la hora de entender
el atentado. Pero este año va a haber un acto conjunto, ha habido un
esfuerzo por todas las partes. Sobre el trato... tendría que tirar de
boletines oficiales para decirte cómo han variado las subvenciones en
los últimos dos años. Quizás nosotros no seamos los politizados. Pero, a
fin de cuentas, en fechas como esta, eso no cuenta. Lo que cuenta es el
recuerdo, la memoria, ser su voz, que nunca el olvido caiga sobre
ellos.
Tras el juicio, ¿cree que queda algo pendiente?
El juicio fue el que fue. Hubo un sumario, en mi valoración bien
instruido, aunque demasiado tiempo bajo secreto sumarial. De ahí se
dedujeron unas condenas, de las que yo te digo que matar en España sale
muy barato. El 8 de febrero salió uno y el 16 saldrá otro de los
yihadistas. Escaparon seis, hemos tenido el juicio contra las personas
que les acogieron en sus domicilios y otro de los que les ayudaron a la
falsificación de documentos, el dinero... ¿qué nos queda? No me
preguntes por los autores intelectuales porque eso no existe en el
Código Penal. Existen los inductores. Y esos los tengo muy claros. Orden
de Al Qaeda y, posteriormente, la captación y radicalización de
marroquíes que estaban en España. La venganza vino por nuestra
participación en la guerra de Irak. Esa es mi versión y la sigo
defendiendo con la misma libertad de expresión que le aplican al que me
insulta.
Una década después Irak sigue en guerra y quienes la provocaron no han dado signos de reconocer su responsabilidad.
Sí, Bush y Blair, a su manera y de un modo un tanto extraño, pidieron
perdón a su pueblo. Donde no se ha realizado ningún acto de
reconocimiento del error es aquí. No ya tanto por las víctimas, aunque
digan que no fue la gerra de Irak lo que propició que vinieran a
vengarse. Aunque solo fuera porque no había armas...
Ha dicho en muchas ocasiones que pagó cara su intervención en el Congreso en 2004. ¿Sigue pensando lo mismo?
Por supuesto. He estado ocho años con escolta. Y me la quitaron
porque ETA no mataba. No es una broma. ¿Cuándo he tenido que ver con ETA
o mis amenazas vinieron de ETA? He recibido amenazas de todo tipo y
hace dos años me la retiraron, con la excusa de que ETA no mataba. Pero
mis amenazas e insultos no llegaban de ETA.
Desde el primer momento del atentado se intentó responsabilizar a ETA.
Y sigue en vigor. La teoría de la conspiración que se montaron habrá
dado buenos réditos, habrá servido para vender muchos periódicos o a los
obispos les habrá servido para tener muchos oyentes en su radio, pero
también han destrozado muchas vidas. Fue tal el acoso y derribo contra
el comisario de Vallecas que su mujer se suicidó.
¿Cree que si el PP hubiese ganado aquellas elecciones se hubiese institucionalizado la teoría de la conspiración?
No sé hacer futuribles. ¿Qué culpa tuvimos nosotros de quién ganase?
Yo estaba buscando a mi hijo. Los heridos estaban en los hospitales. Si
hubieran ganado... pues mejor para ellos. Ellos perdieron un sillón y
yo, un hijo. Y creo que no hay color entre una cosa y otra.
El 11-M también tuvo su extensión en Euskal Herria,
con la muerte de Ángel Berrueta en Iruñea, por negarse a colocar un
cartel que responsabilizaba a ETA del atentado y, posteriormente, de
Kontxi Santxiz en Hernani.
Conozco el caso. Les destrozaron la vida igual que a nosotros. Y me
gustaría agradecerle a esa familia públicamente el gesto... Quizás no lo
hizo ni por nosotros, sino porque estaba absolutamente convencido, pero
nadie merece una muerte así.(*)Presidenta de la Asociación «11-M afectados del terrorismo»
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