domingo, 23 de marzo de 2014

Madrid combate la sola idea de una Cataluña libre y soberana



El diario «ABC» lanzó el primer dardo el 14 de marzo con un editorial cuyo titular se comenta por sí solo: «Disolver la Asamblea Nacional Catalana ya». No era la primera vez que el diario monárquico atacaba a la ANC, ya que en diciembre colocó en las hemerotecas de la vergüenza periodística un texto sobre los supuestos «vínculos proetarras» de miembros de la ANC -con mención especial para Fèlix Martí, a quien acusó ni más ni menos que de reunirse con el entonces líder de Elkarri, Jonan Fernández-. En cualquier caso, nunca hasta hace una semana había pedido directamente la ilegalización de la ANC, a la que acusó de un «golpe sedicioso».
Esta semana fue el turno de «El País», que en un editorial acusó a la ANC de dar un «Golpe de mano». Un titular más sutil que el del «ABC», convenientemente acompañado por el siguiente subtítulo: «El programa de la Asamblea Nacional Catalana supone un asalto a la democracia representativa». Todo un detalle que hable de democracia representativa y no de democracia en general, pero quédense con la palabra clave: asalto.



El editorial seguía: «Esta organización reclama `la calle' como cosa suya y ha acordado `una hoja de ruta 2014-2015' que constituye el diseño milimétrico de un golpe de mano contra la democracia representativa, a través de la imposición unilateral de una separación del conjunto de España». Casi nada.
Pero vayamos por partes. Para empezar, la hoja de ruta que «El País» da por aprobada no es sino la ponencia que actualmente debaten las diversas asambleas territoriales y sectoriales de la ANC y que deberán aprobar definitivamente en la Asamblea General que la entidad celebrará el próximo 5 de abril en Tarragona. En cualquier caso, salvo sorpresa de última hora, es de suponer que la ANC aprobará el grueso de la ponencia, en la que, dicho sea con franqueza, no hay grandes sorpresas. Solo desde la miopía que ha caracterizado la mirada de Madrid hacia Catalunya en los últimos años cabe entender que ahora se echen las manos a la cabeza. Probablemente lleguen tarde.
Resumidamente, la hoja de ruta apuesta por poner toda la carne en el asador para conseguir que el 9 de noviembre se celebre la consulta. Si resulta imposible, tanto en el caso de que se celebren elecciones plebiscitarias como si estás también resultan impracticables, aboga por conformar una «Asamblea de cargos electos» que proceda a declarar la independencia, siempre que exista una amplia mayoría a favor. Para ello considera un día apropiado el 23 de abril de 2015, Diada de Sant Jordi, aunque la fecha no es sino una simple sugerencia. Aunque ahora mismo todavía suena a política ficción -cada vez menos-, es la hoja de ruta más natural para una organización cuya razón de ser es, efectivamente, la independencia.
Pero pese a la evidencia, la respuesta de editorialistas y tertulianos en la capital del Reino ha sido tirarse a la yugular de la ANC y de su cabeza visible, Carme Forcadell, cuyo procesamiento reclamaba el «ABC». Hay que reconocer que al menos empiezan a enfocar mejor los objetivos. Nada más y nada menos que dos años y medio han tardado en darse cuenta de que no es precisamente Mas el principal instigador del proceso independentista. La más sincera enhorabuena.
Aunque siendo honestos, más de uno -no todos- ya lo sabía, pero prefería dirigir sus dardos contra Mas, confiando en que sería él el encargado de construir el dique para retener la ola social que le venía. Puede que Mas no lo haya querido hacer; de lo que no hay duda es de que no lo ha podido hacer, por lo que los dardos se dirigen ahora hacia la máxima expresión de dicha movilización popular: la ANC.
Este cambio sirve para percatarse, todavía más, de la trascendencia de la movilización popular, única garantía del proceso frente a juegos partidistas y frente a la escalada represiva que, como auguran las plumas antediluvianas, podría llegar próximamente. Y sino que se lo pregunten a los tres policías españoles identificados esta semana por los Mossos d'Esquadra después de pasarse tres días vigilando la sede de Convergència.
Habrá que ver qué pasa cuando de la amenaza pasen a la acción, pero de momento, la reacción catalana no ha podido ser más alentadora: en apenas una semana la ANC ha sumado más de 3.500 nuevos socios.

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